Nadie te va a dar un precio por teléfono, y no es por vueltas: es que "una app" puede ser dos semanas o dos años.
Lo que sí se puede explicar es qué mueve la cuenta. Con eso podés estimar vos mismo si lo que tenés en la cabeza es un proyecto chico o uno grande, antes de pedir la primera cotización.
Las cinco cosas que mueven el precio
1. Si hay usuarios y cuentas
Una app que solo muestra información es mucho más simple que una donde alguien se registra. Cuentas significa registro, recuperar contraseña, permisos, sesiones, borrar la cuenta —Apple lo exige— y un servidor detrás. Es el salto más grande que existe entre dos apps que "se ven parecidas".
2. Si funciona sin internet
Es la diferencia entre mostrar datos y sincronizarlos. Guardar local es fácil; resolver qué pasa cuando dos personas cambiaron lo mismo en distinto momento no lo es. Si tu gente trabaja en zonas con mala señal —repartidores, técnicos en terreno, ferias— vale la pena, pero hay que presupuestarlo.
3. Con qué se tiene que conectar
Una app aislada es un proyecto. Una que consulta el ERP, cobra con una pasarela y emite factura electrónica son cuatro proyectos, y tres de ellos dependen de sistemas que no controlás.
Acá el plazo se estira por razones que no son técnicas: esperar credenciales, esperar acceso al ambiente de pruebas, esperar que el otro proveedor conteste.
4. Qué tanto tiene que verse propia
Una app con componentes estándar se construye rápido. Una con diseño propio en cada pantalla, animaciones y una identidad fuerte lleva bastante más, y a veces vale la pena y a veces no. Depende de si tu app es la cara de la marca o una herramienta interna.
5. Android, iOS o los dos
Acá está la decisión que más plata mueve.
Hacer dos apps nativas es escribir dos veces: dos códigos, dos equipos, dos veces cada corrección. Con Flutter se escribe una sola vez y sale para las dos tiendas, con el mismo aspecto en las dos.
No es magia y no sirve para todo —si la app depende de algo muy específico de una plataforma, hay que bajar a código nativo igual—, pero para la enorme mayoría de las apps de negocio la cuenta cambia por completo. Es lo que usamos en nuestras apps móviles.
Lo que casi nadie presupuesta
Y es lo que después incomoda:
- Las cuentas de desarrollador. Apple cobra por año y Google una vez. Van a nombre de tu empresa, no del proveedor, y eso importa el día que cambies de proveedor.
- La revisión de las tiendas. Apple revisa a mano y puede rechazar. Se planifica una vuelta extra, porque la primera casi siempre la hay.
- El servidor. Si hay cuentas o datos, hay algo corriendo todo el mes.
- El mantenimiento. Android e iOS sacan versión nueva cada año. Una app sin mantenimiento no se rompe de golpe: se va quedando afuera hasta que un día no abre.
Esa última es la que más veces vemos ignorada. Una app es un compromiso anual, no una compra única.
Cómo pedir una cotización que sirva
En vez de "¿cuánto cuesta una app?", esto trae respuestas útiles:
- Quién la va a usar y para qué. Una frase alcanza: "los repartidores registran la entrega y el cliente firma en el teléfono".
- Si tiene que andar sin señal. Sí o no.
- Con qué se conecta, y si ya tenés esos accesos.
- Para cuándo la necesitás, y qué pasa si no llega.
- Cuánto tenés pensado invertir, aunque sea un rango. No es para cobrarte eso: es para decirte si alcanza, y si no, qué se puede hacer con lo que hay.
Ese último punto ahorra semanas a los dos lados.
Una salida intermedia
Si el presupuesto no da para todo, casi siempre se puede partir: una primera versión que resuelva el paso más doloroso del proceso, en producción, con gente real usándola. Se aprende más de tres semanas de uso real que de tres meses de reuniones.
Contanos qué proceso querés resolver y te decimos con qué alcanza. Hablemos.